¿Quieres llegar a otra escala del dolor? ¡Pon un medio IM en tu vida!

 

Cuando ya crees que sabes cuando son tus límites, que ya no puedes sufrir más de lo que lo has hecho, o que te conoces lo suficiente como saber administrarte, de pronto una competición como ésta te hace darte cuenta de que eres un pringao que ni se conoce a si mismo, ni sabe administrar y que desde luego no sabía lo que era sufrir de verdad. Pero vamos con la crónica.

Suena la sirena, el tipo que está justo delante de mi se está colocando las gafas por lo que tengo que esquivarlo. Las sensaciones en el agua después de pasada la primera vuelta son extrañamente buenas pero aun así noto que me pasan por la derecha, por la izquierda e incluso alguno me quiere pasar hasta por encima. Yo me encuentro bien. No podría decir eso de que me deslizo pero por lo menos no llevo las piernas a un metro de la superficie (mérito del neopreno, of course). Por cierto ¿Por qué nadie menciona la tubería con la que chocamos todos debajo del puente?

Salimos del agua como un rebaño de Ñus cruzando el Serenguetiy en ese momento ya se escuchan los primeros ánimos ¡Venga que vas muy bien! Intento quitarme las gafas lo antes posible para disfrutar un poco de todo aquello y saludar a la afición pero todo va pasando muy rápido.

Subo a la bici y las sensaciones siguen siendo buenas. Van cayendo minutos y me encuentro con Kiko. Me dice que él va controlando por que queda mucho (y tiene razón). El circuito es muy rápido todo el mundo comenta que está yendo muy fuerte pero nadie baja el ritmo. Las cuatro vueltas pasan rápido entre ánimos, charlas con los compis e incluso un picotazo de una avispa en la axila izquierda ¡Impresionante!

En el apartado de adelantamientos en este sector, además del primer clasificado y el grupo perseguidor (porque pese a ser una competición de carácter individual se hicieron unos grupos bien hermosos), debo destacar el que nos hizo Bruno. ¡¡Casi no me da tiempo ni a saludarlo!! Serio y acoplado a la bici me pregunta: “¿Iago va delante? Si, lo tienes a dos o tres minutos” le respondí con cara de sorpresa al ver que el tío iba me pasaba como un obús.

En cada una de vuelta todo el mundo nos daba un montón de ánimos. Belén, que además e animar estaba toda concentrada con la cámara ya que debutaba como fotógrafa, Bea, Clara, Blanca, Conchi y la familia de Adrián, toda la pandilla de Lore y Kiko no pararon de gritar y ayudar. Muchas gracias a todos.

Bajo de la bici y me dispongo a correr sabiendo que tenía que pagar el sobreesfuerzo de rodar a una media de 33 por hora… pero no sabía que tanto. Me pongo a correr con la esperanza de encontrarme mejor pasados unos kilómetros pero todo quedó un una esperanza. NUNCA. EN MI VIDA SUFRÍ TANTO. Me crucé con Bruno e intenta saludarme chocando las manos pero estoy tan lento que no me doy cuenta hasta que ya es tarde. Los kilómetros van cayendo lentamente…

A partir de la mitad de la carrera el calvario era tan enorme que ya no contaba cuantas vueltas faltaban sino cuantos avituallamientos me quedaban por pasar. Solo quería llegar a las pancartas de Gatorade para echarme agua en las piernas y beber un poco.

Penultima vuelta. Paso junto a nuestras cormoranas y digo sin apenas levantar la vista del suelo: “¡Belen, estoy muerto!”. Cuando esperaba un compasivo “pues para que no pasa nada” o quizás un “vete un poco más despacio”, escucho: “Terminas como hay Dios. ¡Venga ánimo!”. En fin, que no me quedará otro remedio que seguir arrastrándome. Ya de vuelta en ese mismo giro me pasa otro obús. Esta vez es Guille que viene como si acabara de empezar hacía 2 km. Reproduzco la conversación:

“.- ¡Qué!, ¿Cómo vas?

.- Voy muy cansado. No puedo más.

.- Animo tío que ésto ya está. No te pares ¡eh!. Tenemos que seguir que somos unos campeones. ¡No te pares a andar!

.- Intentaré no parar pero estoy muy cansado tío.

.- Mucho ánimo que somos unos campeones. Que ya no falta nada. Te acompaño un rato y así recupero.”

Quizás en el momento no se lo demostré pero le estoy muy, muy agradecido. Sus palabras me ayudaron un montón.

Ya en la última vuelta me cruzo con Iago que está caminando con cara de sufrimiento. Lo está pasando mal y se le nota pero él ya termina y a mi me quedan 20´…Xose, Kiko. Parecía que todos estábamos de camino al matadero.

Recta de meta. Veo a Belén con la cámara y mi intención es acercarme a ella para plantarle un beso pero no puedo. Justo al pasar la línea de meta me tiro al suelo y es ella la que viene corriendo para ver si estoy bien mientras me pone la medalla. Medio mareado me tienen que acompañar a una silla para darme algo de fruta. Estoy totalmente vacío. Lo di todo y eso, pese a que me ha agotado, me hace sentir pleno. Fui a probarme y ahora sé hasta donde puedo llegar....

 

Pasados unos días comienzo a tener la sensación de que el reto no es más que un comienzo y que lo más gordo está por llegar. Lo único que pido es poder compartirlo con todos vosotros.

Felicidades y gracias a todos. Sin vosotros no hubiera entrenado cuando llovía o no me apetecía, no me motivaría en los malos momentos, no me inscribiría, me habría parado mientras corría o incluso me habría retirado. Y sobre todo gracias a la chica que me ha acompañado, comprendido, aguantado y animado en todo durante estos meses. Sin duda el apoyo más importante.

En fin, que ser un cormorán tiene esas cosas. Somos los mejores.

 

Volver